Cuba: El imparable éxodo

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Ha transcurrido una década desde que Wendy Guerra escribiera Todos se van. Y pese al deshielo con EEUU y las “actualizaciones socialistas” de Raúl Castro, casi todos se siguen yendo. “Cuba es la misma sociedad cerrada, sus cambios son cosméticos”, describe la propia escritora a EL MUNDO. Ni siquiera su libro se puede leer en la isla.

El éxodo continúa imparable. Al menos 10.000 personas han abandonado ilegalmente la isla entre enero y febrero de este año, temerosos en su gran mayoría de que el acercamiento con el ‘Norte’ provoque la derogación de la Ley de Ajuste Cubano, que facilita la inserción del emigrante cubano en la sociedad estadounidense. Basta con que un cubano ponga el pie en territorio de EEUU para que la ley sea aplicada. La media anual de salidas en los últimos tiempos ronda las 40.000 por año.

Desde 2011, gracias a una de las reformas de Raúl, los emigrantes ya no pierden sus casas ni sus bienes, pueden regresar sin problemas a la isla y ya no son acusados de traidores y contrarrevolucionarios.

La teoría oficial del Gobierno insiste en que “los cubanos son víctimas de la politización del tema migratorio por parte del Gobierno de EEUU, de la Ley de Ajuste Cubano y, en particular, de la aplicación de la llamada “política de pies secos-pies mojados”.

Salarios paupérrimos, condiciones económicas extremas, insostenible situación de la vivienda y ausencia de libertades empujan a una emigración que ha convertido a la joven Cuba en uno de los países más viejos de América. Otra consecuencia es la descapitalización de profesionales, ávidos de rehacer sus vidas en otras tierras.

Hasta los famosos médicos cubanos buscan otros horizontes. El Gobierno frenó en seco la apertura migratoria para estos profesionales en diciembre, lo que provocó protestas en varios hospitales. La marcha atrás del régimen les obliga ahora a ‘inventar’, la gran palabra cubana, para intentar salir de la isla. Cuentan en el gremio que la deserción fue de tal calibre que en un pequeño hospital habanero sólo quedaron dos residentes.

“Yo me quiero ir primero para vivir dignamente, porque con mi salario mensual de 50 dólares y ayudando en mi casa no se puede. Y segundo porque quiero decidir mi destino yo misma, en libertad”, subraya Mireya, nombre inventado por una médico habanera de 29 años.

Mireya ensalza los iniciales logros revolucionarios en Salud y Educación, “pero ya son muchas décadas sin avances”. Se niega a trabajar en las misiones sociales de Venezuela, donde el médico recibe 150 dólares mensuales, más otros 100 que le ingresan en una cuenta en Cuba. De su aula preuniversitaria, compuesta por 43 jovencitos, sólo quedan seis en el país.

“Tú te paras donde sea y la gente te habla de cómo está intentando resolver para irse. Es la palabra de moda”. Yusniel Tamayo, habanero de 36 años, vive del “invento”. “Me quiero ir por mis hijos, por su futuro“, asegura quien no cree en las reformas económicas: “Mucha muela, mucho blablabla“.

Yusniel Tamayo y su “socio [amigo]” Rodney Livén, de 32 años, representan la cara y la cruz del éxodo. Rodney acaba de llegar a Trinidad y Tobago después de tres fracasos. El año pasado se lanzó al mar en balsa con una docena de personas y tras gastar 400 dólares. La embarcación, construida con un gran tanque de metal y el motor de un coche Lada soviético, dejó de funcionar a varias millas de la costa cuando aquello “era lo máximo, todos íbamos cantando”.

Rodney vendió la tele y el DVD y con un préstamo familiar se aventuró en otra salida marítima. Otro fracaso, se trataba de un timo.

La desesperación embargaba a los dos amigos, quienes decidieron venderlo casi todo: Rodney su casa (2.500 dólares) y Yusniel su moto (1.700 dólares). Supieron que el consulado de Ecuador estaba tramitando visados e invirtieron todo su dinero en el viaje a Quito. Partieron el 5 de enero y un día después estaban de vuelta en La Habana. “Nos trataron como a perros. Nos rechazaron pese a que los papeles nos lo firmó la propia cónsul ecuatoriana. De 61 personas que íbamos en el avión de TAME sólo tres se quedaron. Lo hemos denunciado aquí, pero ya sabemos cómo son las cosas en Cuba“, explica indignado Yusniel Tamayo.

Rodney, con el dinero que le quedaba y la ayuda de su suegro, tuvo una nueva oportunidad y ahora, desde Trinidad y Tobago, trabaja “muy duro” como obrero. “Pero hay mucha diferencia, hermano. Esto no es lo mismo, no hay policía que te moleste“, señala desde su nuevo país.

El turno es ahora para Yusniel, que busca nuevas salidas, “a donde sea, a donde me sienta libre, a donde pueda buscar un futuro para mis hijos. Y alejarme de esta vida,todos los días luchando para poder comer“. El joven habanero sobrevive estos días vendiendo pescado, “no puedo entender que esté prohibido cuando somos un país rodeado de agua”.

Los dos amigos aman a su país, incluso Rodney lleva tatuada la bandera junto a su corazón. Yusniel exhibe otro tatuaje en su brazo izquierdo: Camilo Cienfuegos, el mítico héroe de Sierra Maestra muerto en un accidente de avión. “Él sí es el verdadero”, concluye.

Publicado en EL MUNDO

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