Balseros de a pie camino de ‘El dorado’

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A Rafael Alejandro Hernández se le atragantó un día Cuba y decidió que era el momento de partir. Entonces, este ex agente de los servicios secretos y después miembro de la oposición, miró donde miran todos los cubanos que quieren huir: al mar o a, sorprendentemente, Ecuador.

“Como Quito tiene política de libre visado casi el 1% del total de la población cubana, más de 120.000 personas, ha salido por ahí“, explica Eduardo Matías, abogado cubano que ayuda a los miles de inmigrantes de su país que cruzan México destino ‘El Dorado’ estadounidense. “Han desaparecido más de 78.000 cubanos en las aguas, es más seguro hacer el trayecto por tierra”, explica el abogado.

Comienza entonces la dura travesía de los balseros a pie. Las aguas no se las tragan pero a muchos les roban, les violan y hasta les asesinan. Sólo hay una regla fija: “El viaje se hace siempre en silencio para que no descubran que eres cubano”.

Rafael fue uno de esos isleños que decidió intentar hacer los 4.000 kilómetros que separan Quito de Estados Unidos. “El 9 de enero de 2014 aterricé en Quito, me involucré algo con la oposición y cuando acabé detenido decidí cruzar a Colombia“, comienza un relato que sirve de ejemplo del que hacen a diario miles de sus compatriotas. “Pasé a Colombia ilegalmente. Me costó tres dólares y un taxi”, explica Rafael.

Colombia

Y Colombia se convirtió en una pesadilla. “Junto a México es el país más complicado de la ruta por las autoridades. Cuando la policía descubre que eres cubano sabe que vas a Estados Unidos y que llevas dinero. Muchos compatriotas perdieron allí todos los ahorros que llevaban para el viaje”.

Colombia fue el primer país en el que Rafael intentó pedir asilo. “Llegué sin dinero, dormía en la calle con unos cartones. Tras varios meses me denegaron el estatus de refugiado y pasé junto a dos compatriotas 27 días encadenados en la plaza Bolívar de Bogotá como protesta. Salí en los informativos. Entonces el Gobierno negoció devolvernos a Ecuador y cuando les dije que mi vida allí corría peligro me trasladaron a Panamá [algo ilegal, se debe deportar al país de procedencia]”.

Panamá

El traslado lo hizo el propio Gobierno colombiano en una lancha, un lujo comparado con lo que afrontan muchos de sus compatriotas que cruzan la espesa selva de Darien, donde la mayoría sufre robos y todo tipo de calamidades. “Me dejaron en Playa la Miel. Allí hay que subir un cerro, que yo hice bajo una lluvia dura, y llegas a Puerto Obaldía“, recuerda Rafael. “En ocasiones tirotean a los cubanos en las mismas balsas y se tienen que lanzar al agua. Han llegado a morir personas. La subida a la loma por la noche es terrible y a veces aparecen miembros de las FARC que les roban lo que llevan”, explica el abogado Eduardo Matías que le han narrado muchos cubanos.

Puerto Obaldía es una especie de campamento perpetuo de cubanos que llegan allí de cualquier forma y esperan que las mafias o el dinero de sus familiares les saque de aquel pequeño infierno caribeño. “Hay siempre 500 cubanos allí. Abusan de nosotros. El hotel cuesta 5 dólares por persona. Dormíamos cuatro en un cuarto, en el suelo. Cuando los dueños del edificio se acostaban abríamos las ventanas y entraban algunos compañeros más”.

El negocio allí es también el envío de dinero. Tras ser esquilmados en Colombia, los cubanos esperan allí que sus familias en Estados Unidos les manden dinero para seguir el viaje. “Por hacer los cobros, que se realizan en Panamá, hay un 20% de comisión. El piloto está metido en el negocio”, explica Rafael.

El piloto del que habla lleva el avión que deber servir para escapar y evitar otra odisea. Hay tres precios de asientos: 115, 265 y 275 dólares. “El de 115 es muy complicado, hay una larga cola de espera”.

Finalmente llegas a Ciudad de Panamá donde no te sellan el pasaporte y te comienzan un ‘falso’ proceso de refugiado que casi nadie termina. El objetivo está más al norte, quedan unos miles de kilómetros aún. Rafael decidió trabajar para ahorrar dinero y poder seguir. “Vivía en un hotel de unos dominicanos que nos dejaban dormir allí a cambio de nuestro trabajo. Dormíamos sentados y hasta con los pies por fuera de la puerta. Conseguí también un empleo en una tienda de animador y ahorré hasta 600 dólares”.

Nunca un cubano residente nos ayudó. En Panamá hay un famoso lavadero de coches donde los cubanos duermen tirados por el suelo. Es una propiedad abandonada que se dirige por votación comunitaria. Siempre hay unos 30 compatriotas allí. Unos se van y otros vienen que lo siguen llevando. Hasta la Policía lleva allí sus coches a lavar”, recuerda Rafael.

Costa Rica

Finalmente llegó el momento de cruzar a Costa Rica en autobús. Por lo general se va en grupo, al menos con dos o tres personas, para protegerse, aunque no es bueno que el número sea muy grande y llame la atención. Llega la temible y violenta Centroamérica. “Muchos usan a los ‘coyotes’ (traficantes) que te guían de Panamá a Estados Unidos. El coste es de entre 2.500 y 5.000 dólares”.

Los meten en camiones hacinados y van pasando de mano en mano a merced de las mafias. “Son ellos los que llaman a policías que van robando y extorsionando a los cubanos. Yo decidí hacerlo sin ellos”, dice Rafael. En Costa Rica te dan un salvoconducto para llegar a San José y solicitar refugio. Sólo los cubanos que se han quedado ya sin dinero lo hacen. Hay un goteo de personas que se va quedando en el camino por falta de recursos y exceso de golpes que se establecen en esos países. El resto pasa rápido y llega a Nicaragua y Honduras tras pagar entre 100 y 300 dólares por entrar ilegalmente atravesando un monte peligroso.

Nicaragua

En la frontera las mafias están también organizadas para los cobros, pero Rafael tuvo suerte y viajó gratis. “Conocí a unos nicaragüenses que me dijeron que cruzáramos con ellos por el campo hasta su país. Eran tres ‘nicas’ armados, otro cubano y yo. Lo hicimos en 30 minutos arrastrándonos y escondiéndonos por la maleza. Me costó 20 dólares, ya que les pagamos algunos autobuses, mientras que con los ‘coyotes’ el precio era de 300″.

La amistad con aquellos tipos les llevó a Chinandega, una ciudad a dos horas y media de Honduras donde pudieron tomar una ducha, comer y dormir en su casa. Habían tenido suerte: “Mi amiga Lisandra fue violada en Nicaragua delante de su marido por un policía“, apunta Rafael. “En Nicaragua si te detienen vas a una celda en pésimas condiciones dos o tres días, pagas una multa de 184 dólares y te sacan y dan un salvoconducto para cruzar a Honduras. Pese al sandinismo, Nicaragua no tiene convenio de extradición con Cuba”, explica Rafael. Otra vez se pasan el problema, tras robarles todo lo que pueden, de un país a otro. Tocaba Honduras.

Honduras

Allí el peligro es la violencia y las mafias de las maras. A veces compartías camino con ex mareros que querían dejar su grupo o con gente amenazada. El país te trata bien, te dan un salvoconducto en Tegucigalpa y tomas un autobús a San Pedro de Sula”. El nombre impone respeto, San Pedro de Sula es la ciudad estadísticamente más peligrosa del mundo. “Se llega con mucho miedo. Conocí cubanos a los que robaron, extorsionaron o pegaron palizas. Las mafias avisan de a qué hora se baja una loma y simulan un secuestro donde se mete a todos en una casa. Hay también casos de violaciones de hombres por policías que quedan en total impunidad. La clave es no hablar, que no escuchen tu acento para no ser un cajero automático”, dice.

Guatemala

El paso ilegal de Honduras a Guatemala cuesta entre 20 y 30 dólares. “En 24 horas crucé Guatemala y llegué a México. Se puede entrar por Tabasco o Chiapas. Yo elegí Tabasco porque hay menos deportaciones”, señala Rafael. “México tiene un convenio de deportación con Cuba que firmó por presión de Estados Unidos, que le pidió que impidiera la entrada masiva de cubanos a su país. Hacen el trabajo sucio“, explica el abogado.

“De Guatemala a México hay niños de 12 años que cobran unos siete dólares y te meten ilegalmente por un caminito muy fácil. Las mafias usan niños porque son inimputables si los agarran”, dice Rafael. “En total yo gasté 1.000 dólares por todo el viaje”, casi un 10% de lo que se gasta de media. Rafael había llegado por fin a su destino, México y no a Estados Unidos en su caso, y sin embargo su pesadilla acababa de comenzar.

México

Decidí entregarme directamente a inmigración. Muchos de los cubanos que vienen en camiones son parados por la Policía, bajados del camión, que los abandona, y tienen que pagar otros 2.000 dólares de nuevo a las mafias para llegar hasta Estados Unidos. La corrupción es una pesadilla“.

Hay decenas de casos de torturas y muertes de cubanos protagonizadas por los grupos criminales mexicanos. “A dos cubanos los pararon en Tamaulipas agentes de inmigración que los entregaron a miembros del Cártel del Golfo. Los metieron con un grupo que vigilaban unos salvadoreños, un hombre y dos mujeres. No les daban de comer. Un día les dieron comida. Cuando acabaron les sacaron la cabeza del salvadoreño y les explicaron que se lo habían comido. La mitad del grupo comenzó a vomitar y la otra mitad a llamar a sus familias de Estados Unidos para que pagaran el rescate. Los salvadoreños no habían conseguido el dinero”, explica Eduardo Matías.

La idea de Rafael fue pedir refugio, lo que supone pasar dos meses en una estación migratoria, en la práctica una cárcel para inmigrantes en pésimas condiciones. El proceso de amparo supone 15 días hábiles según la ley. Él estuvo 49, los últimos seis en huelga de hambre. “Éramos 49 personas hacinadas. Conseguimos meter un teléfono móvil con ayudas y denunciar con fotos la situación. En una semana 45 estábamos libres”, dice.

De los 49, 48 están ya en Estados Unidos. Rafael quiere regularizarse en México. Como Cuba no le ha solicitado, ha comenzado a tramitar la residencia. Pero lo que no sabía Rafael es que su largo viaje era un viaje a ninguna parte. Perdió intencionalmente su pasaporte en Ecuador al inicio de la travesía y ahora para México es un apátrida metido en un laberinto burocrático que le deniega tierra y derechos. No es cubano, no es de nadie.

Tras pasar tres meses en Ecuador, seis meses en Colombia, tres meses y medio en Panamá, un día en Costa Rica, dos días en Nicaragua, un día en Honduras y un día en Guatemala acabó un demoledor viaje desde Cuba en el que ha conseguido oficialmente no pertenecer, con total libertad, a ningún lugar.

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