El limbo que viven en Colombia los médicos cubanos que desertaron en Venezuela y quieren llegar a EE.UU.

Los cuatro médicos cubanos entrevistados por BBC Mundo

En un pequeño apartamento del sur de Bogotá viven cuatro médicos cubanos que salieron de Venezuela hacia Colombia, para desde aquí intentar llegar a Estados Unidos.

Odetis Pérez Baró está hace unos siete meses en la capital colombiana; Yusel Mantilla casi igual; Carlos Hernández unos cuatro; y Maité Fuentes García es prácticamente una recién llegada, entró el 20 de julio a la ciudad, el mismo día en que abrió en La Habana la embajada de Estados Unidos.

Su plan era llegar, solicitar su adhesión al programa especial para admitir en Estados Unidos a profesionales médicos cubanos trabajando en misiones en el extranjero (Cuban Medical Professional Parole, CMPP), que les da beneficios de vivienda, alimento y la posibilidad de revalidar el título, y esperar los no más de tres meses que se supone dura el trámite para viajar a su destino soñado.

Y no son los únicos. Según datos de autoridades colombianas, al menos 720 profesionales de la salud cubanos hicieron lo mismo (hay versiones que sugieren que son más).

Cruzaron la frontera, dejando sus puestos en las misiones médicas por las que la isla recibe petróleo y dinero del estado venezolano, pensando que la salida a EE.UU, sería relativamente fácil. Pero no fue así.

“Era más chiquito que esto”

Odetis es la “jefa de la casa”, bromean los otros tres.

Es la que llegó primero y la mayor. Tiene 32 años, es médica y ecografista. Llamarla “jefa” es un guiño a lo que sucedía en Venezuela, donde efectivamente había un jefe de casa que los controlaba en sus viviendas. En esas casas a veces vivían tres, a veces seis, a veces 12 personas. Todos coinciden en que las condiciones eran malas.

Carlos Hernández, odontólogo de 25 años, abre los brazos y dice: “Era más chiquito que esto”. “Esto” es la sala y cocina del apartamento, que tendrá unos 4 por 2 metros, más o menos.

“No había sábanas ni agua”, recuerda Yusel, rehabilitadora de 26 años, de su vivienda en Venezuela. Las zonas en las que habitaban eran duras.

“Yo vivía al lado de un basurero”, dice Carlos. “Yo vivía en un cerro”, cuenta Yusel. “A la parte de arriba le decían ‘La Tumbita'”.

“Un día llamaron a mi coordinador y le dijeron ‘no salgan, porque se va a formar”. También vio, en otra ocasión, cómo mataban a un muchacho, un adolescente, a balazos.

“Peor que Cuba”

Sobre todo por la inseguridad, pero también en parte por la escasez, los cuatro profesionales de la salud coinciden en que, en base a su experiencia, Venezuela está “peor que Cuba”.

También coinciden los cuatro en que la tarea era dura. Trabajaban de lunes a sábado y algunos domingos. “Y en tiempos de elecciones teníamos que ir casa por casa”, cuenta Carlos.

Yusel explica que en su especialidad lo normal es ver 14 pacientes diarios, pero que en Venezuela se le duplicaban.

En principio, para estos jóvenes sin hijos, o como dice Carlos que no tienen “gaticos ni perricos”, salir a una misión tiene atractivo: mientras en Cuba pueden cobrar el equivalente a entre unos US$30 y 75 al mes, en la misión en Venezuela recibían 3.000 bolívares más US$200 depositados en su país.

“Dádivas generosas”

El dinero que lograron traer a Bogotá no les alcanza. Cada uno paga 350.000 pesos colombianos mensuales de alquiler (US$110).

“Yo debo la renta”, dice Odetis, a quien le habían mandado algo de dinero de Cuba tras vender uno de sus equipos.

Todos llegaron con el dinero justo para sobrevivir los tres meses que creían que demoraría su trámite. Pero mientras el tiempo del papeleo se estira, el capital se va achicando.

En Colombia pueden permanecer gracias a una pirueta del sistema migratorio del país.

Aunque los cubanos necesitan visa para entrar a este país, y los médicos que salen de Venezuela no la tienen, las autoridades les otorgan un documento de deportación en el que dicen que no los deportarán mientras dure el trámite del CMPP.

Preocupados por la espera, el sábado pasado un grupo de los afectados realizó una manifestación en Bogotá para pedir que se resuelvan sus casos.

Sobre el motivo detrás de la demora en el trámite, muchos de los cubanos piensan que puede estar asociado al reciente deshielo de las relaciones entre La Habana y Washington.

Pero el portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., John Kirby, aseguró el jueves pasado en rueda de prensa que la lentitud en la aprobación de las solicitudes “no está para nada relacionada con nuestra política con respecto a Cuba; no hay vínculo, no hay conexión”.

“No hay planes de eliminar el programa en este momento”, agregó.

Por su parte, a través de un comunicado, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés), dijo que detectó un incremento de solicitudes en el marco del CMPP en años recientes y que está “dedicando recursos adicionales para resolver los casos pendientes”.

El USCIS también indicó que “el análisis de algunos casos puede llevar más que otros, en general por las verificaciones de antecedentes requeridas”.

De hecho, la situación parece haber comenzado a descongestionarse.

Otra trabajadora de salud que salió de Venezuela, Dailenys Valenzuela, le dijo a BBC Mundo que el viernes, tras siete meses y diez días, EE.UU. aprobó su solicitud.

Y mientras sus compatriotas conversaban con este medio en el departamento en el sur de Bogotá, les llegaron noticias de que se habían aprobado dos solicitudes más. En ese día, en total, habían sido ocho.

Pero temen que sea sólo una ola de aprobaciones y otra vez se vuelvan a frenar.

Llamarla “jefa” es un guiño a lo que sucedía en Venezuela, donde efectivamente había un jefe de casa que los controlaba en sus viviendas. En esas casas a veces vivían tres, a veces seis, a veces 12 personas. Todos coinciden en que las condiciones eran malas.

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